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  • Dario Navia Pohl / Daro Pohl

Cambios


La cama pasó a ser una doble, luego de los dos primeros años de casados. No recuerdo qué sucedió con ésa de tan solo plaza y media, donde dormíamos pegados y para cambiar de posición, necesitábamos hacerlo bajo un acuerdo mutuo.

Ese primer cambio creo que se debió, si mal no recuerdo; a la necesidad del mayor espacio que la barriga reclamaba. Se nos hizo una urgencia el dejar la estrechez, por una cama doble.

Con los años y las dificultades para conciliar el sueño, los desencuentros sexuales alejados de la pasión y más próximos a la rutina, pasamos del tamaño doble a eso que llaman Queen.

Con algunos años más y en la escala regida por cosas nunca dichas, ascendimos al siguiente peldaño y como nuestro dormitorio pareció siempre abierto a las posibilidades, del tamaño Queen nos mudamos a una King.

Ya no parecía una cama de albergar y cobijar, sino que era más cercana a un gran potrero con sábanas blancas y del tamaño de un paracaídas. Haciendo memoria en la energía que dejábamos de jóvenes sobre nuestro primer colchón, hoy fui consciente que el mismo desgaste, vamos soltando en las vueltas para estirarla todas las mañanas.

No tengo muy claro el por qué del cambio, cuando ya es notorio que los dos hemos disminuido en tamaño, más encorvados, los hombros se nos han estrechado, las costillas flotantes flotan menos, ósea están más hundidas al interior lo que nos hace lucir chupados. No he mirado aún bajo mi espalda en el espejo, pero mis pómulos están escasos de mejillas. He llegado a pensar que pronto seremos un atado de huesitos con recuerdos de haber cargado con algo más.

Hable esto con la Nati y luego de darle vueltas concluimos en que hoy dormimos menos, pero nos queremos más. En ese aspecto, así como el sexo en cama estrecha, nuestro corazón a ido pasando por esos otros tamaños hasta llegar al King, albergando lo agradecidos que estamos el uno con el otro.

Las sábanas del tamaño de un paracaídas, también se nos han hecho apropiadas, serán útiles al momento de hacer la mortaja, porque hemos decidido que seguiremos juntos donde vayamos.





Photo by Adam Winger on Unsplash

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