• Dario Navia Pohl / Daro Pohl

El engaño



Dispuesto a abandonar la casa, vio que ella estaba a punto de entrar por la puerta del frente. No se esperaba aquella sorpresa, suponía que aún no debía llegar, pero lo hacía. Entró tan rápido por el acceso principal, que no tuvo más tiempo que el necesario para ocultarse tras la puerta de la cocina.

Después de dejar la cartera y colgar el abrigo, dejó una pequeña bolsa de papel con sus bordes morados sobre la mesa de la sala y se dirigió a la cocina. Él seguía oculto tras la puerta; no lo vio al entrar y tampoco al salir.

Cuando la oyó que subía al segundo piso, aprovechó de abandonar su escondite y usando la puerta de servicio se alejó. En la calle abordó al auto que tenía estacionado, y se dispuso a encender la computadora portátil.

En el interior ella bajó a la sala en busca de la bolsa y regresaba al dormitorio cuando él se acomodaba en el vehículo. En la habitación tomó el teléfono inalámbrico y marcó un número ochocientos. Luego de esperar con el oído atento al tono de llamado, éste se silenció y una voz varonil preguntó:

-¿Estás lista?

-¿Eres tú?

-¿Quién más? Esperaba tu llamado.

-Estaba ansiosa por oír tu voz.

Comenzó a desnudarse mientras sostenía el auricular presionado contra su oreja con el hombro. Primero se quitó la blusa, luego soltó el cierre de su falda.  Ésta hizo el recorrido en caída libre hasta llegar al suelo.

-¿Sigues ahí?

-Cómo irme, si imagino que haces.

-¿Entonces sabes que me desnudo?  Pasé por una tienda que está en el centro.

-¿Qué has comprado?

-Si estuvieras acá podrías verlo. ¿Lo oyes?

Tres golpes sobre el vidrio lateral del auto lo distrajeron obligándolo a tener que atender.

-¿Sí, diga?

-Joven podría mover su vehículo. Necesito sacar el mío y usted está en el camino.

-Disculpe, lo siento mucho. Me muevo en seguida

Cuando regresa en lo que estaba antes de ser abordado por la mujer, la conversación telefónica había terminado, pero ella continuaba en el dormitorio completamente desnuda y sentada en la cama. Sobre las sábanas él podía ver la bolsa que anteriormente había estado en la mesa. Ya le había quitado el papel de color violeta que cubría la boca del delicado contenedor.  A un lado tiene una caja de metal con su tapa transparente.  Sentada con sus piernas separadas, ella comenzó por ordenar la profusa cabellera de entre medio. Lo hacía con cuidado, procurando que se mantuvieran en su sitio. Tomó una pequeña botella ámbar y con el líquido que ésta contenía, humedeció sus dedos para humectar la zona.

Como está ubicada, al mirar hacia abajo, puede ver el color rosado pálido al interior de los oscuros bordes labiales y rojizo al centro. Tocarse le produce una reacción que no desea ignorar.

Vuelve a humedecer sus dedos en el oleoso líquido y busca un mejor punto de contacto. Se frota un poco más, hasta que con su mano libre coge el vibrador, lo aproxima y gesticula una muequita de placer al juntar los párpados.

En la calle, frente a la casa, se estaciona un vehículo. Su conductor entra por la puerta de servicio.  Mientras sube va dejando la ropa a lo largo de la escalera.  Cuando mira al interior del cuarto, ella aun se acariciaba.

Ella lo oyó cuando él venía terminando de subir, no le dio mucho tiempo y nada dice, solo alcanza a pensar: «Que no sea mi marido. Si me sorprende...», pero ignora la idea. Al verlo desnudo lo acerca y lo ayuda a acomodarse entre sus piernas.

La computadora había quedado apagada junto al asiento del conductor.

Al día siguiente el sujeto enfrenta al marido.

-Señor. Le puedo informar que su esposa le es completamente fiel.  No hay nada por qué usted pueda sentirse traicionado. Mantuve cámaras y micrófonos de vigilancia por todo el mes que usted ha estado fuera.  Su esposa por lo general estuvo en casa.  Nadie la visitó y cuando salió, fue sólo por cosas rutinarias.

-Detective. ¿Cuánto le debo por sus servicios?

-Lo pactado. No hay extra tiempo.

El hombre tras su escritorio extiende un cheque por la cantidad acordada y algo más. Alarga el brazo y le hace entrega del documento.

-Gracias es muy generoso. Ha sido un placer trabajar para usted.

Antes de salir se da la vuelta y agrega: -Olvidaba decirle que los equipos de vigilancia ya los he retirado.

Al quedar solo en la oficina coge el teléfono y le habla a su secretaria:

-Por favor, haga pasar a quien aguarda.

Cuando esta nueva persona está dentro, le pregunta: ¿Es él?

-Aquí están las fotografías.  No hay dudas.

-Elimínalo.

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