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  • Dario Navia Pohl / Daro Pohl

El moderno ermitaño

Actualizado: ene 20




Bluuump. La pantalla en el móvil se iluminó.

Minutos atrás, se había acomodado sobre el asiento que lo venía albergando ya por años. Desde ahí, volvió a mirar en dirección del rectángulo iluminado.


Cogió el cucharón junto a él y con ése, procedió a dar revoltura, al líquido que hervía dentro de una pequeña olla, a la luz y al calor de la fogata. Luego, usando el mismo utensilio, para descolgar y retirar el recipiente del fuego. Lo acomodó junto a su pie. Giró el cuerpo sobre la roca en que se sentaba y desde ese lado, se hizo con un cuenco. Ése, procedió a llenarlo con la sopa de raíces cocinada. Una vez que terminó, tras sorber lo último del líquido directo desde la vasija, se puso de pie y caminó pausadamente hasta el boquerón de la caverna. Desde ahí, observó el cielo infinito cubierto de estrellas. Las vio titilar. Esbozó una sonrisa. El día, pensó, había concluido.


Bluuump. Volvió a iluminarse el móvil. Era el segundo mensaje que hacía arribo. Puso su dedo en la parte superior del pequeño ordenador y procedió a extender hacia abajo la pantalla, haciendo desaparecer la otra. Acto seguido, presionó sobre una corta leyenda, que hizo que ésa pantalla, fuera desplazada por una aplicación. Con el mismo dedo, comenzó a hacer pasar una a una las fotografías; cuando se detuvo en una, cogió desde un costado, un vaso con gaseosa. Bebió de él y tras dejar escapar un eructo, lo devolvió a la mesa. Se acomodó sobre el sofá, apoyando su espalda en los cojines. De nuevo estaba sobre las imágenes.


Una vez tendido sobre la cama, hecha con un colchón de hierbas secas; se quedo en silencio deseando oír el ruido de un pequeño grillo. El fuego había aminorado su crepitar y así todo, seguía iluminando la bóveda tiznada. Recordó su infancia. Los gritos tras el balón. La respiración agitada tras la loca carrera y cuando le dijeron por primera vez, me gustas.

El grillo saltó sobre su pecho, pareció mirarlo, movió sus antenas como escrutándolo y de un nuevo brinco, se alejó.

Ladeó la cabeza, luego cambió su posición a uno de sus costados y siguió con la vista, la marcha del pequeño insecto.


Bluuuump. Nuevo texto. Oyó, como un presidente era acusado en un video testigo. En otro, vio un asado con exceso de carne para un solo comensal. Alguien escribía sobre la desigualdad y siguió pasando inadvertido. Junto al primer video, en otro más abajo, alguien tropezaba mientras hacía ejercicios, ése, ya juntaba más dos mil quinientos me gusta. Subió un selfie. Durante los siguientes treinta minutos, ningún “me gusta” recibió. Volvió a beber. Miró hacia afuera por el ventanal que daba al balcón y vio las otras luces. Otras ventanas en otros edificios, que se le hicieron igual de solitarias. Sintió deseos de poner término al día.

Acostado acomodó las almohadas, apoyó la cabeza mirando al cielo raso. Escuchó el vibrar del celular sobre el velador. Lo volvió a tomar. La pantalla iluminaba la habitación antes a oscuras.


A la mañana siguiente, se levantó renovado. Cogió unas hierbas y salió de su escondrijo. Los pasos lo guiaron hasta la orilla del río, ahí, se despojó de sus ropas y se zambulló en el agua fría. Luego, con las hojas que llevaba en su mano, procedió a frotarse el cuerpo y el cabello. Al salir miró hacia un árbol, más atrás vio la montaña y en la otra dirección, el sendero que ya iba desapareciendo y que conducía rumbo a la ciudad. Él no albergaba deseos por regresar.


Bluuump. Se iluminó en la soledad de una habitación y olvidado sobre el cobertor de una cama fría.


Aún quedaba un ermitaño en la modernidad.




Photo by maria camargo on unsplash.

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