• Dario Navia Pohl

El viaje




No pudimos emprender el viaje.

Habíamos hecho nuestros acostumbrados planes para realizarlo. Ya antes, hemos viajado y debo reconocer, que han sido largas jornadas. Pero este último sin poderse realizar, nos quedó con un sabor a estancado.

Ayer con mi mujer discutimos, nada grave, pero que a los viejos nos deja pensando. Lo sé en ella, porque la vi pasar por las habitaciones, igual a como yo iba, deambulando con un peso en la espalda. No nos dijimos nada, fuimos cambiando de pieza, de acuerdo a la necesidad. Cuando la vi por la cocina preparando el almuerzo, decidí que el jardín necesitaba riego. De vez en cuando la miré a través de los cristales, tanto de mis anteojos como los de la ventana, y entre unas matitas de albahaca, que se yerguen tomando el sol sentadas sobre el marco. Para la tarde, cuando la volví a mirar, la vi sentada en su sofá con el tejido en sus manos, sus gafas caídas hacia la punta de su nariz y ese mechón rebelde que se le va sobre ellas. Contaba, sus dedos pasaban los puntos de a pares y no me atreví a interrumpirla. Me fui por mi oficina, el cuarto más próximo a la entrada de la casa, ese de abrir la puerta y salir corriendo; allí es donde tengo mis cosas y busqué recurrir a los viejos amigos; miré a don Julio, y luego a don Mario, esta vez, decidí conversar con Bolaños.

Al llegar la noche y que el silencio exterior se fue haciendo, la vi entrar, traía en una temblorosa mano mi taza de té y esta vez, había agregado dos de sus galletas, las que sabe son mi perdición; ¿en qué momento las horneó? Ella siempre lo encuentra.

Nos fuimos a acostar, haciendo el pasillo hasta el dormitorio en compañía. Seguíamos de viaje, este bello viaje que tomamos juntos por la vida. Ya no nos abrazamos mucho en la cama, los años nos han puesto el calor sofocante; también la lentitud, al querer darnos la vuelta, junto al crujir de todas las articulaciones; nos dormimos tomados de la mano, tras dejar los anteojos y las novelas sobre nuestros respectivos veladores, lo sé, porque así mismo despertamos.

Hoy, decidimos hacer el viaje.

Hemos salido al patio, limpiamos la mesa del jardín y el desayuno ha comenzado ahí. Ya luego veremos que senda tomamos, si el de las azaleas, las lavandas o entramos al bosque de los tomates.

(Por lo general escribo, escribo por gusto, por la pasión de contar y entretener; este se lo escribí a Alicia. “Gracias por tu compañía y apoyo.)

Fotografia de Alicia Navia

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