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  • Dario Navia Pohl / Daro Pohl

Entre canciones, faldas y engaños

Actualizado: 7 feb

Desperté con resaca




En la soledad de mi piso tumbado sobre el desvencijado sofá, me dio por escuchar a Sabina. Seguía derrotado cuando se me han venido encima las memorias de tu balcón.

De un tiritón que dio mi mano, tintinearon los hielos en el vaso con ron; vi los brillos de la luz en el cristal, provenían del luminoso colgado afuera y esos me llevaron de regreso a estar metido en la cama mirando el techo de la habitación, mientras tú con esas dos margaritas buscabas distraerme de la botella en el velador.

Ésa es la última imagen que tengo de ti sobre mí.

El alcohol no me dejó despertar hasta la mañana siguiente y cuando lo hizo, ya no estabas. Pensé que por la noche volverías, entonces al salir dejé la puerta sin cerrojo, me equivoqué. Rehice el camino por tu calle, tu casero me contó que te habías largado; he pasado otras tantas veces mirando tu balcón, era obvio que nunca más te volvería a ver, las macetas habían desaparecido.

No olvido cuando te conocí en el parque de Las Rosas, estabas abandonada, tarde he sabido de ti… Pensé que llorabas por algún holgazán, cuando dije que te cuidaría. Nos juntamos y de inmediato me pusiste tu condición, no querías ser mujer de mi piso. Me dijiste que no tenía que preocuparme, que tenías el tuyo, entonces te acompañé hasta él, me invitaste a entrar e hicimos ahí mismo el amor por primera vez.

Te seguí viendo en mi tiempo libre de oficina y los fines de semana cuando fui olvidando a los amigos; te había dicho que cuidaría de ti, hasta que un día de media mañana me salí del despacho por ésa urgencia de meterme contigo. En el portal del edificio me paré bajo tu balcón, la ventana estaba abierta, las cortinas asomadas afuera mecidas por el viento y te oí, los gemidos eran los mismo que dabas cuando estabas conmigo, solo que los otros no eran los míos. Ahí comencé a beber y cada vez que tenía tus pechos revoloteando frente a mi rostro, comenzaba a escucharle a él una vez más. Hubo días que las entregas de ese otro, se me hicieron de diferente bocas, entonces me bajó lo de controlarte. Vi entrar y salir a varios, mientras mi apartamento se iba llenando de botellas vacías; se me fue haciendo más difícil el recorrido hasta tu lado y cuando perdí el empleo, fue la última vez que miré tus margaritas de pezones oscuros.

Esta noche sostengo el vaso y no bebo, he decidido dejar el alcohol cuando me miré en el espejo y supe que no podrías quererme así. Luego he mirado más atrás descubriendo que ya no me querías y que si ahora he dejado de tomar es por ver si la vida me da un nuevo banco de plaza y encuentro otra paloma que no tenga su propio palomar.

Cuando desperté a la mañana siguiente, tenía los dolores del alcohol faltante; fui al piso junto al mío, donde Margarita, quien al verme me dijo que cuidaría de mí, lo recuerdo mientras miro el cielo raso de mi habitación. Los brazos los tengo atados por unas sábanas, mientras tu imagen se va disolviendo en arcadas.





Photo by Thomas Franke on Unsplash

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Photo by Sandy Ravaloniaina on Unsplash