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  • Dario Navia Pohl / Daro Pohl

La puerta de salida

Actualizado: ene 1



—¿Qué es?

—¿Cómo que qué es?

Cuando lo dijo, lo dijo como haciendo un recuerdo de todos los años corridos. Luego lo miró con una sonrisa que colgaba satisfecha desde sus mejillas, llevadas abajo por el paso del tiempo.

—Una puerta.

Le contestó con toda naturalidad.

—¿Qué más podría ser?

—Está ahí al medio y luego se corre y se pone frente a alguien y después en frente de otro. Por eso pregunto.

—¿Qué más ves?

Insistió el abuelo de barba cana y manos ya arrugadas con sus uñas gruesas cuarteadas.

El niño la miró atento, inclinó la cabeza a un lado y se decidió a decir.

—Veo que es una puerta, pero no la entiendo.

—Déjame explicarte, ya que aún es temprano.

—¿Temprano? Abuelo, ya son casi las cinco de la tarde.

—Pero. ¿Ves la puerta?

—Sí. Sí la veo.

—Entonces es tiempo para decirte por qué hacer una vida honesta. Como fue la de mi abuelo y así he llevado la mía. Dame unos segundos que te lo explico y luego iremos a casa. Tu abuela nos espera con unas tostadas y un té caliente.

Esa puerta que ves, está ahí abierta esperando, pero no todos la ven. Unos la cruzan absolutamente ciegos, otros, creo que jamás llegan a darse cuenta cuando la atraviesan. Muchos no la quieren ver y solo unos pocos son conscientes de que está ahí, esperando, siempre abierta.

Tú la ves, entonces no temerás cruzarla y mientras no llegues a ella, irás haciendo lo correcto a tu paso, cosa que cuando llegue el tiempo de despedirse, quienes queden de este lado, tengan la misma oportunidad de la cual has gozado tú antes de salir por ella.

Esta es la única visita que hacemos, que cuando nos despedimos, no podemos cerrar la puerta atrás de nosotros. Y quienes la cierran, son los de éste lado, al olvidar a esa grata persona que pudimos disfrutar.

—¿Cuándo la cruzaré?

—Ni tú, ni yo, ni nadie, sabe exactamente cuándo. Pero sí sabemos que quedarán y vendrán otros, cuando nos hayamos marchado.

—Abuelo. Ya no veo la puerta.

—Ésa es la idea. Pero no olvides. Crecerás. Desarróllate tranquilo. Sueña, inventa y por principio, cuida.

—Me dio hambre.

—A mí también.

Cuando comenzaron a reanudar el camino, la puerta los vio pasar en frente de sí.

—Hoy no —se dijo.




Photo by Alexander Milo on Unsplash

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