• Dario Navia Pohl / Daro Pohl

Lecturas en parabrisas

Los miré cuando comenzaban a bajarse del vehículo, luego de haber estacionado a corta distancia del nuestro. Éramos los únicos visitantes, en la paz de una playa deshabitada. Él, me dio la impresión de ser del tipo de no estar aceptando algo, entre molesto, enojado, no sé, esa actitud de no estar agradado. Cuando miré al otro costado, ella ya cerraba la puerta, lucía



notoriamente cansada bajo su gorro de lana, y embutido hasta la altura de las cejas y que a su vez, le ocultaba las orejas; iba envuelta en un grueso suéter de lana color naranja, aunque el día estaba agradablemente abrigado. Casi al mismo tiempo de hacer estas observaciones, me encontré con el vidrio trasero de su automóvil, en él fijé mi atención sobre un autoadhesivo donde se podía deducir y leer en inglés, lo siguiente, F*#k Cancer. Molesto me quedé observando el vidrio; luego volteé la cabeza para mirar a mi mujer. Los dos con pesar en el rostro, nos tomamos de la mano y nos alejamos conversando.

Para un mejor entendimiento de esto que he comenzado a relatar, valga esta nota. Vivimos en los Estados Unidos de Norte América, no en América, que eso es diferente, involucra una extensión muy grande.

El sticker al que hago mención, contenía una clara alusión, haciendo referencia a una fuerte palabra del habla inglesa: Fuck (F*#k). Como muchas otras expresiones usadas por la gente, ésta está escrita simulando un eufemismo, para no tener que escribir su contenido abiertamente y que sería de mal gusto. Para que me entiendan en estos usos, es común encontrarnos con eufemismos, cito por ejemplo, el decir de “¡Oh my Gosh!” ¡Oh my ¿gosh!? No hay traducción posible para gosh; gosh no es palabra, su uso está definido para no invocar en vano el nombre de Dios, God.

Así, sabiendo el grueso contenido de los signos en el adhesivo, nos miramos con mi esposa y comenzamos a caminar por la playa mientras comentábamos.

La otra pareja quedaba atrás, sentados parecían contemplar el horizonte.

Mi esposa comenzó diciendo:

—Entiendo lo fuerte de la expresión. Tener que luchar contra una difícil enfermedad, realmente dan deseos de insultar. Pero…

La pareja se me hizo joven, dudo que hayan sobrepasado los treinta y cinco años de edad. Más difícil se hace de entender, el pasar por algo así.

Recientemente en Carolina del Sur, en la ciudad de Charleston, un hombre blanco, también joven, ingresó en una iglesia y acribilló con su arma de fuego, a nueve de los feligreses ahí presentes. Todos ellos de raza negra. Claramente se trató de un acto terrorista empujado por el racismo y fácil de llevar a cabo por la libre tenencia y porte de armas de fuego en el país.

¿Qué no es suficiente sufrir o ver sufrir por enfermedades, para que además alguien mate a bala?

¡F*#k CÁNCER!

Complicada lucha contra una enfermedad y que además, pone latente la muerte. Te la sitúa ahí, ahí mismo, frente a tus pies, donde no sabes si el siguiente paso será el último, el final y a quien sea, no lo volverás a ver.

Mientras íbamos enrollados en nuestra conversación, buscábamos tesoros, piedras de Ágatas. Una simple piedra, una más pulida que otra, y acompañados por la felicidad de sabernos juntos. Los dos, será por viejos, reconocemos que la vida es frágil, entonces solemos regalarnos las que cada uno va hallando y mientras, seguíamos sin lograr comprender.

¿Cómo es posible? Le pregunto a mi mujer. F*#k Cancer. ¿Tú lo entiendes? Ella mueve su cabeza negativamente, y los dos sin poder dar crédito al vidrio trasero del vehículo de aquellos jóvenes. Pensé en su conductor, su dolor, su compañera. Fucking Cáncer, matando personas.

Bajo esa fuerte expresión de impotencia, rebeldía contra la posible muerte y segura enfermedad, a nuestro regreso continuamos sin poder comprender el otro autoadhesivo, y exhibido más abajo del F*#K Cáncer. En ese mismo vidrio para la expresión del dolor personal, se podía leer ¡I LOVE MY GUN! Y sobre lo escrito, el dibujo de un fusil M-16.

Miré nuestras Ágatas y comenté, —¡F*#k your Gun! ¿No venden ese autoadhesivo? Le pregunté a mi esposa.

Conociéndome me advirtió. —No vayas a decírselos. Puede que lleve una pistola.



Photo by giuseppe-famiani on unsplash.

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