• Dario Navia Pohl / Daro Pohl

Malas noticias



Llegó a mi lado portando una carta dentro de un sobre y se me quedó mirando. Por la cara de preocupación que tenía, lo volví a mirar. Ángela, mi esposa, la sostenía frente a ella y también la miraba; luego levantó la vista para mirarme.

—¿Qué? —Le pregunté.

—Danilo —me nombró y luego volvió al silencio.

—¡Pero mujer! Habla de una vez por todas —le exigí.

—Es que le he pasado la lengua —respondió temblorosa.

—¡¿Y cómo se te ocurrió hacer eso?!

—No pensé. Sólo lo hice.

Vi su rostro y recordé todo; de inmediato pensé «lo que le suceda nos tendrá que suceder a los dos siempre juntos».

Cuando nos fuimos a dormir, Ángela se notaba preocupada. Yo también. Creo que los dos llevábamos el pensamiento puesto en la mañana siguiente. Al despertar la miré, no se le habían puesto los ojos rojos; se veía como de costumbre. Le pregunté por la carta, de dónde venía, cuál era el remitente.

—¿Qué remitente? —Me interrogó.

—El de la carta —insistí.

—Nosotros respondió.

Quedé sin entender y una vez más pregunté. Ángela se extendió en una explicación.

—Son los impuestos que debemos pagar. Los puse en un sobre y le pasé la lengua para sellarlo.

Los dos nos miramos y echamos a reír. Luego decidimos no ver tantas noticias, la paranoia nos estaba consumiendo.




Photo byengin akyurtonUnsplash

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