• Dario Navia Pohl / Daro Pohl

Mister A (Cuentos de un pueblo chico)

Actualizado: oct 24


Mister A es un latino con facha de italiano…, he de ser más específico, es un Latino Americano con pinta de italiano; otras veces oyen en él un aire de francés.

Lo que les voy a relatar ocurrió al medio día, realmente estuvo más próximo a las dos de la tarde que de las doce; sucedió cuando Mister A luego de visitar dos tiendas donde gustaba de registrar y no habiendo hallado nada que adquirir como objeto curioso, mientras regresaba a su casa decidió detenerse en el Pawn Shop del pueblo.

Pienso que la mayoría de ustedes no está familiarizado como Mister A, con lo que es un Pawn Shop. Antes de proseguir se los explicaré: Originalmente el nombre atañe a una tienda de empeños, lugar donde se entrega una cosa como prenda a cambio de dinero prestado o la venta del mismo. En mi experiencia he visto más la compra del objeto a precio bien castigado.

El hecho es que Mister A sintiendo ésa necesidad, la de dar con algo curioso, estacionó su vehículo y cruzó la puerta de acceso. El primer pasillo que enfrenta está destinado a electrodomésticos, del otro lado del acceso, al costado derecho, se apreciaban unos mesones con cubierta de vidrio que cumplían la función de exhibidor y mostrador; el primero contenía joyas baratas, la segunda sección, relojes, radios y cámaras fotográficas. Los siguientes dos, bajo el vidrio, mostraban armas de fuego cortas, nuevas y usadas de diferentes calibres.

Mister A comenzó por revisar el pasillo de los DVD buscando dar con algún film clásico, luego dio un vistazo al de herramientas y prosiguió en otro de artículos varios. Al finalizar su husmear por los anaqueles, no encontró nada; pensó que era un mal día para el hallazgo de tesoros.

Mister A es artista y como tal, algo excéntrico. Recolecta piezas sacadas desde Antique malls, tiendas de donaciones y como esta última que les he descrito.

Sintiéndose algo abatido, enfiló en dirección a por donde mismo entró. Al cruzar frente al mesón de las armas de fuego, se detuvo un segundo a saludar al dueño de la tienda, un acto rutinario y que en esta oportunidad sería corto por no querer entorpecer la labor que ese realizaba, ocupado en enseñar una pistola a otro cliente. Es aquí cuando Mister A se convierte en un latino con aire de italiano, otras veces de francés olvidando su americanidad.

Good afternoon John. ¿How are you?

—Yo bien. ¿Y tú?

—Bien. Hablamos otro día, hoy te veo ocupado.

Okay. See you later.

Ey mister! ¿De dónde eres? —Intervino el sujeto que sostenía la pistola a la venta.

Mister A lo observó, seguido miró a John y se atrevió a decir, de acá. Sabía que el arma que sostenía su interlocutor estaba descargada.

El tipo alto fornido y de mirada algo incrédula, con una sonrisa dibujada a fuerza de algo, insistió.

Bullshit! Tú no eres de acá.

A lo que Mister A replicó.

—Digamos que mi acento es sureño. Adiós John.

El individuo no satisfecho con la respuesta oída cruzó el camino de Mister A. John conociendo a A intervino.

—Mike, deja en paz a mi amigo. Sigamos en lo nuestro.

—Quiero saber de dónde es —insistió. —Estoy aburrido de latinos en mi país.

John miró a Mister A; este último no gozando de buen carácter le respondió al extraño.

—No es tu asunto.

Exactamente lo hizo en el idioma del otro: This is not your business.

John metió la mano bajo el mostrador.

Mister A lo vio y acomodó mejor los dos anillos en su izquierda.

Mike echó su abrigo a un lado y los otros dos pudieron ver la pistola Colt .45 que éste enfundaba.

—Qué tal si te lo tomas con calma —insistió John poniendo su Magnum .357 sobre el aparador y bajo su mano.

Mister A solo observó queriendo no tener que averiguar qué sería lo siguiente. Mike descorrió el abrigo regresándolo a su sitio y terminó por decir.

—No te preocupes, tienes acento de italiano o francés.

—Soy italiano —sentencio Mister A para zanjar cualquier otra posible discusión.

A los días después caminando por el pueblo, Mister A vio al tal Mike sentado a la terraza de uno de los restaurantes. Tenía al frente un plato de enchiladas y bebía una cerveza Corona.

Hello! —Se le oyó a Mike al alzar la voz. —¿Cómo estás italiano?

Molto bene —respondió Mister A mientras seguía su camino.

Do you know?

¿Conoces al sujeto? Preguntó el mexicano dueño del restaurante a Mike.

—Es simpático ese chileno. ¿No te parece, Mike?

El pueblo se hizo demasiado pequeño.



Photo by Daniel Horvath on Unsplash

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