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  • Dario Navia Pohl / Daro Pohl

Obsesivo



Hubo un día del año recién pasado que me levanté temprano, más que de costumbre; me senté en el sofá que está en la sala y retomé la lectura en la novela que había dejado la noche anterior. Luego de una hora oí que mi mujer se levantaba, a los minutos pasó por donde me encontraba, me dio los buenos días y continuó rumbo a la cocina. Media hora más tarde, recuerdo que desayunábamos.

Mientras estuve leyendo, en un momento pensé en cortarme el cabello. Luego de desayunar me aboqué a eso. En el baño enchufé la máquina para cortar pelo, cuando me miré en el espejo noté que mis cejas estaban crecidas, entonces decidí comenzar por ellas, como lo había hecho en ocasiones pasadas; solo qué esta vez esparcí crema de afeitar, tomé la rasuradora y de unas tres a cuatro pasadas dejaron de estar; en ese instante sentí estar preparado para cortarme el pelo.

A los minutos siguientes estuve en condición de esparcir la crema embadurnando todo el cráneo, mojar la afeitadora y deshacerme de todo vestigio de pelo. Cuando por fin me miré en el espejo, vi mi redonda cabeza brillar, mi rostro sin la barba crecida y sin las cejas. Me detuve en la oreja, mi oreja izquierda un tanto más grande que la otra y ante la ausencia de pelos, se me hizo aún más notoria. Fui hasta mi oficina y de una de las repisas con adornos, cogí la navaja de afeitar que fue de mi abuelo; al estar de nuevo viéndome en el reflejo del espejo, con el instrumento en mi mano derecha la cercené. Comenzó a sangrar, pero estaba seguro que pronto pasaría, tengo buena cicatrización.

Proseguí con la tarea de estética emparejando mis uñas, nunca me había gustado que se pusieran largas y ya que estaba en eso he ido hasta al taller, en donde me hice de un alicate.

Al rato ha asomado mi esposa por el cuarto de baño.

Esto que les he venido relatando sucedió el año pasado; tuvieron que hospitalizarme por la amputación que hice de mi brazo derecho y una vez recuperado y con el alta médica dada, he sido derivado al piso Psiquiátrico. Menudo problema.

Para mi suerte y agradezco que soy zurdo, aún conservo este otro brazo y ahora pude escribir contándoles lo acaecido.

Miro mi letra y noto que no es pareja

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