domingo, 28 de enero de 2024

En el diario hacer, el tiempo pasa...

 ...y como cantó uno de los grandes de la música, Pablo Milanés.

No he venido a cantar, es lo que peor hago, entonces suelo no hacerlo; estoy aquí para hacer un resumen de en qué he ido dejando mi tiempo.

Talleres improvisados, uno dentro del cobertizo para el auto, aunque éste es el más estable y puedo dar gracias a que cuento con un espacio; otros entran y salen del patio; mi oficina tiene un rincón que ocupa el escritorio, que es como el músculo para hacer a un lado lo casi "ermitaño" que agradeblemente comparto con mi esposa. Otra esquina la ocupa una mesita para Silkscreen y los bastidores bajo ella, como otra serie de herramientas y tintas. Junto a ésa la mesa de manualidades, como Polymerclay y de mi lado izquierdo, la vieja máquina de coser regalada por una amiga.

(Singer fabricada en Marzo 16 de 1910, 50.000 unidades.)

Luego, al fondo, pegada al muro, la biblioteca que en sus espacios, frente a los libros, tiene tinteros, plumas fuente y un sin fin de etcs.

En varias oportunidades he usado el término "ermitaño", estrictamente por definición en el diccionario, no lo soy; soy más bien un solitario, pero ermitaño lleva consigo esa cosa de "rompí con todos" y es porque se me hace vergonzoso cuando miro, oigo y veo, haciéndome consciente, de la especie a la cual pertenezco.

Bueno, tiempo para la creación, carpintería, costura, teñidos, de este artesano que nunca camina en solitario, el sueño se mantiene vivo.

Paso a las fotos, que pueden entragar más que las letras.



 

 

 

 


 

 

Que todos tengan su día, el mío, buscaré hacerlo y cuando todo acabe, cerraré mis ojos 




lunes, 11 de septiembre de 2023

Mi querido país, solo por haber nacido ahí.

 Al final es tierra delimitada como país por historia geopolítica, o sea, una enormidad de cosas juntas para ser chauvinista.

Hoy, precisamente hoy, 11 de Septiembre, pasados 50 años desde el golpe de estado que realizaron las fuerzas armadas chilenas apoyadas por el gobierno de las Estados Unidos de Norte América, no han avanzado nada como nación.

No hablaré de justicia, que eso le corresponde al poder judicial.

No hablaré de partidos políticos, se hace asqueroso.

No hablaré de los familiares de las víctimas, no puedo.

No hablaré de las fuerzas armadas, que eso le corresponde al gobierno de turno en su comandancia.

De lo que sí deseo hablar es de las celebraciones, no del lado de las víctimas, ni de los victimarios.

¿Celebrar qué? Cuando no hay nada que celebrar o conmemorar.

El día 11 de Septiembre de 1973 las fuerzas armadas rompieron su juramento de lealtad al gobierno de turno democratico. El senado quebró su tradición bajo un acto sucio y todos ellos retornaron la independencia del país a manos del gobierno de los EE.UU. Bien patriotas.

¿Celebrar el acontecimiento de la perdida o de la victoria? Porque es eso, ese día es cuando se origino uno y lo otro, pero las víctimas vinieron después, salvo el Presidente Dr. Allende y su escolta de leales servidores. (*)

Las víctimas de la represión se dieron durante todo el gobierno militar y continuaron en el del dictador. Como también en los gobiernos "democraticos" que han seguido silenciando y acatando bajo el temor conveniente. Entonces celebración, acto, conmemoración de ese día en particular, por favor ¡Nada!

Del otro bando, cegaron la vida de compatriotas, robaron el Chile de los chilenos y hasta el día de hoy son cuerpos desleales al gobierno. Se hacen llamar instituciones, cuando la únida Institución es Chile, su gobierno y ellos deberían estar a su servicio y no para su saqueo.

Entonces, NADA, ABSOLUTAMENTE NADA QUE CELEBRAR EL DIA 11 DE CADA SEPTIEMBRE.

Los familiares de las víctimas requieren de justicia y la justicia debe hacerse y no bajo carceles especiales.

Las fuerzas armadas han de retornar a lo establecido por tradición para ellas, Constitución del 1925, lealtad al gobierno y al país entero.

Chile necesita avanzar creciendo como nación y no seguir anclada en ese caos de futuro, donde cada "institución" hace lo que le viene en gana, el senado roba, los diputados roban, las fuerzas armadas y de orden roban, la educación roba, los fondos de retiros roban junto a la salud, la justicia es absolutamente lesa a la realidad, porque no es ciega, lo ve y no hace nada.

En mi caso, lo único que recuerdo es a ese gran hombre, al Doctor Salvador Allende, presidente de Chile y creador de la mayoría de las leyes sociales para los chilenos. Que el término abrupto de su gobierno, mediante la traición de muchos de los actuales acomodados,  mató mis sueños, ya es pasado historico, hoy crezco y hago lo que me corresponde.

No niego los caminos reconstituyentes, pero que sean verdaderos, no los de la familia Pinochet que sigue teniendo a su favor, propiedad de todos los chilenos. No la de los Piñeras que conocieron la fortuna bajo el alero del traidor y robo a chilenos. Nadie retorna nada y nadie exige su rotorno. No la de funcionarios públicos condenados en carceles de cinco estrellas. No a los Lagos que como esos otros termina siendo millonario, un retornado que supuestamente perdió todo después del golpe y así mismo hay varios otros. Pero celebran y nada sucede para retornar a la democracia, si es que ésa existe.

No debería Chile tener actos oficiales, no hay nada que celebrar, solo vergüenza. Lo llamo el caos de la ignorancia y vivir bajo el constante temor del hablar "que suceda otra vez en Chile".

¿Hasta cuando hay que vivir así?

Hasta que no quede país que robar desde el gobierno, desde el senado, desde las fuerzas armadas y de orden. Robarle hasta el alma al pueblo chileno, a esos que trabajan día a día y cada 11 de Septiembre les mueven las banderitas de un color y de otro y los mantienen divididos construyendo Chile para que alguien de los ya nombrados pueda seguir robando.

No es para que nunca más en Chile, es ¡HASTA CUÁNDO EN CHILE! 



  LAS ALAMEDAS NO SE ABREN POR SÍ SOLAS, se abrirán construyendo y no estancados en el pasado.



(*) Tengo el orgulloso placer de haber trabajado junto a tres de ellos, que salvaron con vida.


martes, 8 de agosto de 2023

Fotos después

La única vez que un ser humano puede aproximarse e imaginar el dolor de otro, es cuando sufre una tragedia en sí mismo, cualquier otro intento es frustrado.

No ha de ser por lo escrito arriba que dejemos de obrar, hablar y oponernos a una barbarie sin nombre y más aún hoy que tan fácil dejan ir la palabra conflicto mundial atómico y tanto un lado como el otro, descarga toda la culpa en el otro.

A 78 años de la terrible y cruel prueba atómica, la humanidad en todo su conjunto debería alzarse y así como se han llevado adelante juicios y restituciones, los Estados Unidos de Norte America mantiene esa y otras deudas pendientes con civiles, comenzando desde su mismo suelo.

 

 Estas fotos pertenecen al archivo de la Revista Life, pueden ser encontradas en el siguiente enlace,

https://www.life.com/history/hiroshima-portraits-of-survivors/

 

Fotografías en internet


 

 

Mapa interactivo de la ciudad de Hiroshima:  https://hiroshima.archiving.jp/index_en.html

 

Hiroshima Peace Media, sitio web, solo en inglés y japonés : https://www.hiroshimapeacemedia.jp/?p=80124

 

Lo siguiente no es de mi autoría, pertenece al sitio web: https://diariesofnote.com/2023/08/05/i-am-going-to-do-my-best/ solo hago una cooperación en la traducción para que pueda llegar a más lectores.


I am going to do my best (Voy a hacer mi mejor esfuerzo)

 

Yoko Moriwaki nació en Japón en 1932 en la pintoresca isla de Itsukushima, más conocida por los lugareños como Miyajima, y hasta que estalló la guerra en 1941, su infancia fue feliz, llena de alegrías sencillas. En 1944, con el conflicto proyectando una sombra pesada, llamaron a su padre para el servicio, dejando que Yoko soportara tiempos tan difíciles con su madre y su hermano. Cuando comenzó la escuela secundaria en abril de 1945, su maestra le pidió a Yoko, entonces de trece años, que comenzara un diario; sin que ella lo supiera, la entrada que escribió el 5 de agosto sería la última. Al día siguiente, mientras ella y sus compañeros de clase limpiaban escombros en Dobashi, el bombardero estadounidense B-29 Superfortress Enola Gay lanzó la primera bomba atómica cerca, matando instantáneamente a miles de civiles. Yoko sobrevivió solo hasta esa noche, y su madre no pudo comunicarse con ella para darle el último adiós.

 

La entrada del diario


5 de agosto (domingo)


Tiempo: bien


Escuela


Hoy fue un día de entrenamiento en casa.


Hogar


Hoy fue el día de trabajar en casa. Ayer vino mi tío y entonces la casa estaba muy animada. Ojalá todos los días fueran así. Desde mañana por la mañana nos sumamos a los grupos de demolición de viviendas. Voy a hacer mi mejor esfuerzo.

 

 

Para todo conflicto siempre se hace necesario de dos. Para amar,  solo uno, el amor no entra en disputa con nadie.

 

La barbarie juega a esconderse

Tanto en el discurso del Secretario General de Naciones Unidas António Guterres, como el del Primer Ministro japonés Fumio Kishida con ocasión del bombardeo atómico, realizado por los Estados Unidos de Norte América en 1945, único país que en dos ocasiones ha usado armas atómica; eludieron nombrar al causante de tal innombrable atentado contra la humanidad. Incluso, en su reciente visita a Japón, el actual presidente de EE.UU. Joe Biden, declaró no tener ninguna razón para ofrecer disculpas con respecto a lo acontecido en 1945. Aún más, ofreció defender al país nipon con las mismas armas (Atómicas) con la que devasto dos de sus ciudades; en caso de enfrentamiento bélico.

Esto demuestra como se oculta la barbarie y se resalta la nada misma en otros, lo que tampoco justifica la tenencia de ellas en esos otros, que se han visto en la necesidad frente al hostigamiento constante bajo el mando de EE.UU..

Cabe destacar que los Estados Unidos de Norte Améca actualmente cuenta con 5.400 ojivas nucleares en su arsenal, de esas 3.700 están operativas.

En esta entrada deseo compartir parte de un diario de vida de uno de los sobrevivientes a esa masacre a humanos, personas, civiles y donde militarmente no existió ninguna necesidad de hacerlo, solo el enfermizo afán de unos por ver y probar que sucedería.

La devastación producida en Hiroshima el 6 de Agosto de 1945 a las 8 con 15 minutos de la mañana, no les fue suficiente a su enfermiza carrera de poder y supremacía, que lo tuvieron que repitir en la ciudad de Nagasski solo tres días después, el 9 de Agosto 1945.

 

NOTA: Nada de lo que leerán a continuación es de mi autoría.

Lo que comparto con ustedes ha sido tomado del sitio Diaries of Note: https://diariesofnote.com/newsletter/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_campaign=newsletterposttitle-12

Además pueden continuar leyendo otras entras en el mismo sitio,  https://diariesofnote.com/2023/08/02/i-want-to-be-what-i-am-not-a-symbol-of-what-i-am/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_campaign=newsletterposttitle-12

 

 

Fotografía del señor Michihiko Hachiya

 

Nacido en 1903 en la prefectura de Okayama, el Dr. Michihiko Hachiya fue una figura extraordinaria cuya vida y obra adquirieron un significado conmovedor tras el bombardeo de Hiroshima. Como director del Hospital de Comunicaciones de Hiroshima, se encontró en el epicentro de una destrucción y un sufrimiento inimaginables y, sin embargo, a pesar de sufrir heridas graves por la explosión atómica, el Dr. Hachiya reunió la fuerza y la determinación para brindar asistencia médica crítica a la ola de sobrevivientes que llegaron a su hospital. En medio de este período caótico, también logró mantener un registro detallado de sus experiencias: entradas de diario sinceras que se publicaron más tarde, ofreciendo una mirada importante e inquietante sobre el costo humano de un evento tan catastrófico. La siguiente entrada describe ese primer y fatídico día, el 6 de agosto de 1945, cuando la ciudad de Hiroshima y el resto del mundo cambiaron para siempre.

 

La entrada del diario

Era temprano; la mañana tranquila, cálida y hermosa. Las hojas brillantes, que reflejaban la luz del sol en un cielo sin nubes, hacían un agradable contraste con las sombras de mi jardín mientras miraba distraídamente a través de las puertas abiertas que se abrían hacia el sur.

 

Vestido con calzones y camiseta, estaba tirado en el piso de la sala de estar exhausto porque acababa de pasar una noche sin dormir como guardia aérea en mi hospital.

 

De repente, un fuerte destello de luz me sobresaltó, y luego otro. Uno recuerda tan bien las pequeñas cosas que recuerdo vívidamente cómo una lámpara de piedra en el jardín se encendió brillantemente y debatí si esta luz fue causada por una bengala de magnesio o chispas de un carro que pasaba.

 

Las sombras del jardín desaparecieron. La vista donde un momento antes había sido tan brillante y soleada ahora estaba oscura y brumosa. A través del polvo que se arremolinaba, apenas podía distinguir una columna de madera que había sostenido una esquina de mi casa. Estaba inclinada locamente y el techo se hundía peligrosamente.

 

Moviéndome instintivamente, traté de escapar, pero los escombros y los maderos caídos obstruían el camino. Siguiendo mi camino con cautela, logré llegar a la roka (un pasillo exterior) y bajé a mi jardín. Una profunda debilidad se apoderó de mí, así que me detuve para recuperar mis fuerzas. Para mi sorpresa descubrí que estaba completamente desnudo ¡Qué raro! ¿Dónde estaban mis calzoncillos y mi camiseta?

 

¿Qué ha pasado?

 

Todo el lado derecho de mi cuerpo estaba cortado y sangrando. Una gran astilla sobresalía de una herida que destrozaba mi muslo, y algo tibio goteaba en mi boca. Mi cachete estaba desgarrado, descubrí mientras lo palpaba con cautela, con el labio inferior completamente abierto. Incrustado en mi cuello había un fragmento considerable de vidrio que desprendí con total naturalidad, y con el desapego de alguien aturdido y conmocionado lo estudié junto con mi mano manchada de sangre.

 

¿Dónde estaba mi esposa?

 

De repente, completamente alarmado, comencé a gritarle: '¡Yaeko-san! ¡Yaeko-san! ¿Dónde estás?' La sangre comenzó a brotar. ¿Me habían cortado la arteria carótida? ¿Me desangraría hasta morir? Asustado e irracional, volví a gritar '¡Es una bomba de quinientas toneladas! Yaeko-san, ¿dónde estás? ¡Ha caído una bomba de quinientas toneladas!

 

Yaeko-san, pálida y asustada, con la ropa rota y manchada de sangre, emergió de las ruinas de nuestra casa agarrándose el codo. Al verla, me tranquilicé. Con mi propio pánico mitigado, traté de tranquilizarla.

 

"Estaremos bien", exclamé. Sólo que salgamos de aquí lo más rápido que podamos.

 

Ella asintió y le hice señas para que me siguiera...

 

Salimos, pero después de veinte o treinta pasos tuve que parar. Mi respiración se volvió corta, mi corazón latía con fuerza y mis piernas cedieron debajo de mí. Una sed abrumadora se apoderó de mí y le rogué a Yaeko-san que me encontrara un poco de agua. Pero no se encontró agua. Después de un poco mi fuerza volvió un poco y pudimos continuar.

 

Todavía estaba desnudo, y aunque no sentí la menor vergüenza, me inquietó darme cuenta de que el pudor me había abandonado. Al doblar una esquina nos encontramos con un soldado que estaba parado ocioso en la calle. Tenía una toalla sobre su hombro y le pedí que me la diera para cubrir mi desnudez. El soldado entregó la toalla de buena gana pero no dijo una palabra. Un poco más tarde perdí la toalla y Yaeko-san se quitó el delantal y me lo ató alrededor de la cintura.

 

Nuestro avance hacia el hospital fue interminablemente lento, hasta que finalmente mis piernas, rígidas por la sangre seca, se negaron a llevarme más lejos. La fuerza, incluso la voluntad, para continuar me abandonó, así que le dije a mi esposa, que estaba casi tan herida como yo, que siguiera sola. Ella se opuso a esto, pero no había otra opción. Tenía que seguir adelante y tratar de encontrar a alguien que volviera por mí.

 

Yaeko-san me miró a la cara por un momento y luego, sin decir una palabra, se dio la vuelta y comenzó a correr hacia el hospital. Una vez miró hacia atrás y agitó su mano, y en un momento fue tragada por la penumbra. Estaba bastante oscuro ahora, y como mi esposa se había ido, me invadió un sentimiento de terrible soledad. Debo haberme vuelto loco tirado en el camino porque lo siguiente que recuerdo es descubrir que el coágulo en mi muslo se había desalojado y la sangre brotaba nuevamente de la herida.

 

Presioné mi mano en el área sangrante y después de un tiempo el sangrado se detuvo y me sentí mejor. ¿Puedo continuar?

 

Lo intenté. Todo era una pesadilla: mis heridas, la oscuridad, el camino por delante. Mis movimientos eran muy lentos; solo mi mente corría a toda velocidad.

 

Con el tiempo llegué a un espacio abierto donde habían quitado las casas para hacer un carril de incendios. A través de la tenue luz pude distinguir delante de mí los contornos borrosos del gran edificio de hormigón de la Oficina de Comunicaciones y, más allá, el hospital. Mi ánimo se elevó porque sabía que ahora alguien me encontraría; y si muriera, al menos mi cuerpo sería encontrado. Hice una pausa para descansar. Poco a poco, las cosas a mi alrededor se fueron enfocando. Había formas sombrías de personas, algunas de las cuales parecían fantasmas andantes. Otros se movían como si tuvieran dolor, como espantapájaros, con los brazos separados del cuerpo con los antebrazos y las manos colgando. Estas personas me desconcertaron hasta que de repente me di cuenta de que se habían quemado y estaban extendiendo los brazos para evitar la dolorosa fricción de las superficies en carne viva al frotarse entre sí. Apareció una mujer desnuda que llevaba un bebé desnudo. Aparté la mirada.

 

Tal vez habían estado en el baño. Pero luego vi a un hombre desnudo, y se me ocurrió que, como a mí, algo extraño los había despojado de sus ropas. Una anciana yacía cerca de mí con una expresión de sufrimiento en su rostro; pero ella no emitió ningún sonido. De hecho, una cosa era común a todos los que vi: silencio total.

 

Todos los que podían se movían en dirección al hospital. Me uní al lúgubre desfile cuando mi fuerza se recuperó un poco, y por fin llegué a las puertas de la Oficina de Comunicaciones.

 

Entorno familiar, rostros familiares. Estaban el Sr. Iguchi y el Sr. Yoshihiro y mi viejo amigo, el Sr. Sera, el jefe de la oficina comercial. Se apresuraron a darme una mano, cambiando sus expresiones de placer a alarma cuando vieron que estaba herido. Yo estaba demasiado feliz de verlos para compartir su preocupación.

 

No se perdió tiempo en saludos. Me colocaron en una camilla y me llevaron al Edificio de Comunicaciones, ignorando mis protestas de que podía caminar. Más tarde supe que el hospital estaba tan saturado que la Oficina de Comunicaciones tuvo que ser utilizada como hospital de emergencia. Las habitaciones y los pasillos estaban atestados de gente, a muchos de los cuales reconocí como vecinos.

 

A mí me parecía que toda la comunidad estaba allí.

Mis amigos me hicieron pasar a través de una ventana abierta a la habitación de un conserje recientemente convertida en una estación de primeros auxilios de emergencia. La habitación era un desastre; yeso caído, muebles rotos y escombros cubrían el piso; las paredes estaban agrietadas; y el marco de una ventana de acero pesado estaba torcido y casi arrancado de su asiento. Qué lugar para curar las heridas de los heridos.

 

Para mi gran sorpresa, quién debería aparecer sino mi enfermera privada, la señorita Kado, el señor Mizoguchi y la anciana señora Saeki. La señorita Kado se dispuso a examinar mis heridas sin pronunciar palabra. Nadie habló. Pedí una camisa y un pijama. Me los consiguieron, pero aún así nadie habló. ¿Por qué todos estaban tan callados?

 

Miss Kado terminó el examen, y en un momento sentí como si mi pecho estuviera en llamas. Había comenzado a pintar mis heridas con yodo y ninguna cantidad de súplicas la detendría. Sin otra alternativa que soportar el yodo, traté de distraerme mirando por la ventana.

 

El hospital estaba justo enfrente con parte del techo y la terraza acristalada del tercer piso a la vista, y cuando miré hacia arriba, fui testigo de algo que me hizo olvidar el dolor de mis heridas. Salía humo por las ventanas del solarium. ¡El hospital estaba en llamas!

 

"¡Fuego!" grité. "¡Fuego! ¡Fuego! ¡El hospital está en llamas!"

 

Mis amigos miraron hacia arriba. Eso era cierto. El hospital estaba en llamas.

 

Se dio la alarma y de todos lados la gente cogió el grito. La voz aguda del Sr. Sera, el oficial de negocios, se elevó por encima de las demás, y parecía como si la suya fuera la primera voz que escuché ese día. La extraña quietud se rompió. Nuestro pequeño mundo estaba ahora en caos.

 

Recuerdo que el Dr. Sasada, jefe del Servicio de Pediatría, entró y trató de tranquilizarme, pero apenas pude escucharlo por encima del estrépito. Escuché la voz del Dr. Hinoi y luego la del Dr. Koyama. Ambos gritaban órdenes de evacuar el hospital y con tal vigor que parecía que la pura fuerza de sus voces podría apresurar a los que tardaban en obedecer.

 

El cielo se volvió brillante a medida que aumentaban las llamas del hospital. Pronto la oficina fue amenazada y el Sr. Sera dio la orden de evacuar. Mi camilla fue trasladada a un jardín trasero y colocada debajo de un viejo cerezo. Otros pacientes entraron cojeando al jardín o fueron cargados hasta que pronto toda el área se llenó tanto que solo los muy enfermos tenían espacio para acostarse.

 

Nadie habló, y el silencio ominoso fue aliviado solo por un susurro apagado entre tanta gente, inquieta, dolorida, ansiosa y asustada, esperando que sucediera algo más.

 

El cielo se llenó de humo negro y chispas brillantes. Las llamas se elevaron y el calor puso en movimiento corrientes de aire. Las corrientes ascendentes se volvieron tan violentas que las láminas del techo de fanzines fueron lanzadas hacia arriba y liberadas, zumbando y girando, en un vuelo errático. Pedazos de madera en llamas se elevaron y cayeron como golondrinas ardientes. Mientras intentaba apagar las llamas, una brasa caliente me quemó el tobillo. Era todo lo que podía hacer para evitar ser quemado vivo.

 

El Departamento comenzó a arder, y ventana tras ventana se convirtió en un cuadrado de llamas hasta que toda la estructura se convirtió en un infierno crepitante y sibilante.

Vientos abrasadores aullaban a nuestro alrededor, arrojando polvo y cenizas hacia nuestros ojos y nuestras narices. Nuestras bocas se secaron, nuestras gargantas ásperas y adoloridas por el humo mordaz que entraba en nuestros pulmones. La tos era incontrolable. Habríamos retrocedido, pero un grupo de barracones de madera detrás de nosotros se incendió y comenzó a arder como yesca.

 

El calor finalmente se volvió demasiado intenso para soportarlo, y no nos quedó más remedio que abandonar el jardín. Los que pudieron huyeron; los que no pudieron perecieron. Si no hubiera sido por mis devotos amigos, habría muerto, pero nuevamente, vinieron al rescate y llevaron mi camilla a la puerta principal al otro lado de la oficina.

 

Aquí ya se había agrupado un pequeño grupo de personas, y aquí encontré a mi esposa. El Dr. Sasada y la Srta. Kado se unieron a nosotros.

 

Los incendios brotaron por todos lados mientras los vientos violentos avivaban las llamas de un edificio a otro. Pronto, estábamos rodeados. El terreno que ocupamos frente a la Oficina de Comunicaciones se convirtió en un oasis en un desierto de fuego. A medida que las llamas se acercaban, el calor se hizo más intenso, y si alguien de nuestro grupo no hubiera tenido la presencia de ánimo para empaparnos con agua de una manguera contra incendios, dudo que alguien hubiera sobrevivido.

 

A pesar de lo caliente que estaba, comencé a temblar. El empapamiento fue demasiado. Mi corazón latía con fuerza; las cosas comenzaron a girar hasta que todo ante mí se volvió borroso.

 

"Kurushii," murmuré débilmente. "Se acavó."

 

El sonido de las voces llegó a mis oídos como si viniera de una gran distancia y finalmente se hizo más fuerte como si estuviera al alcance de la mano. Abrí mis ojos; El Dr. Sasada estaba tomando mi pulso. ¿Qué ha pasado? La señorita Kado me puso una inyección. Mi fuerza regresó gradualmente. Debo haberme desmayado.

 

Enormes gotas de lluvia comenzaron a caer. Algunos pensaron que se avecinaba una tormenta y que extinguiría los incendios. Pero estas gotas fueron caprichosas. Algunas cayeron y luego algunas más y esa fue toda la lluvia que vimos.

 

El primer piso de la Oficina ahora estaba en llamas y las llamas se extendían rápidamente hacia nuestro pequeño Oasis junto a la puerta. En ese momento, apenas pude entender la situación, y mucho menos hacer algo al respecto.

 

El marco de una ventana de hierro, soltado por el fuego, cayó al suelo detrás de nosotros.

Una bola de fuego pasó zumbando a mi lado, incendiando mi ropa. Me empaparon con agua de nuevo. A partir de entonces estoy confundido en cuanto a lo que pasó.

 

Recuerdo al Dr. Hinoi por el dolor, el dolor que sentí cuando me puso de pie. Recuerdo haber sido movido o más bien arrastrado, y todo mi espíritu rebelarse contra el tormento que me tocó soportar.

 

Mi siguiente recuerdo es de un área abierta. Los incendios deben haber retrocedido. Estaba vivo. Mis amigos de alguna manera se las habían arreglado para rescatarme de nuevo… Todo el lado norte de la ciudad quedó completamente quemado. El cielo aún estaba oscuro, pero no sabría decir si era de noche o de mediodía. Incluso podría haber sido al día siguiente. El tiempo no tenía sentido. Lo que había experimentado podría haber sido condensado en un momento o soportado a través de la monotonía de la eternidad.

 

Las calles estaban desiertas excepto por los muertos. Algunos parecían haber sido congelados por la muerte en plena acción de vuelo; Otros yacían desparramados como si algún gigante los hubiera arrojado a la muerte desde una gran altura.

 

Hiroshima ya no era una ciudad, sino una pradera incendiada. Al este y al oeste todo fue aplastado. Las montañas lejanas parecían más cercanas de lo que recordaba. Las colinas de Ushita y los bosques de Nigitsu surgían de la neblina y el humo como la nariz y los ojos en un rostro. Qué pequeña era Hiroshima con sus casas desaparecidas.

​El viento cambió y el cielo volvió a oscurecerse con el humo.

De repente, escuché a alguien gritar: "¡Aviones! ¡Aviones enemigos!"

¿Sería eso posible después de lo que ya había sucedido? ¿Qué quedaba por bombardear? Mis pensamientos fueron interrumpidos por... [la llegada del Dr. Katsube, el cirujano jefe del hospital, y que lo llevaban al quirófano]. ... La distancia era de solo cien metros, pero fue suficiente para hacer que mi corazón latiera con fuerza y me enfermara y desmayara. Recuerdo la mesa dura y el dolor cuando me suturaron la cara y el labio, pero no recuerdo las cuarenta o más heridas que el Dr. Katsube cerró antes de la noche.

 

Me trasladaron a una habitación contigua y recuerdo sentirme relajado y con sueño. El sol se había puesto, dejando un cielo rojo oscuro. Las llamas rojas de la ciudad en llamas habían abrasado los cielos. Miré al cielo hasta que el sueño me venció.

 

Otras lecturas

El diario de Michihiko Hachiya, titulado Hiroshima Diary: The Journal of a Japanese Physician, del 6 de agosto al 30 de septiembre de 1945, fue publicado por primera vez en inglés en 1955 por University of North Carolina Press, traducido y editado por Warner Wells. Se puede comprar en muchos lugares, incluidos Bookshop.org y el sitio web de la editorial. Devastador, convincente, informativo y esencial.


La entrada es parte de la publicación HIROSHIMA DIARY: THE JOURNAL OF A JAPANESE PHYSICIAN, AUGUST 6 - SEPTEMBER 30, 1945 by Michihiko Hachiya.

Lamentablemente no hay traducción al español.

sábado, 29 de julio de 2023

El día a día

 No tan solo los artistas y posiblemente seamos los menos, en hablar de tiempos malos y de tiempos buenos, de tiempos difíciles y otros más holgados.

En mi vida he tenido el gusto de conocer a muchos artistas, no importa si con fama o sin ella, personas que le van dando vuelta al día entre la creación y las conversaciones.

Mis últimos veinte años han sido de residencia en los Estados Unidos de Norte América, éstos me han dado la horfandad de ese círculo de colegas. No es que aquí no los haya, he intentado construir una relación artística con varios, solo que éso no está en la agenda de ellos. El intercambio de ideas, de sueños, de arreglos de mundo, no es parte del cuidadano estado unidense, incluso en los artistas, que nos caracterizamos por ser soñadores; siempre andamos con una nueva genial idea.

Ideas.

Mi esposa suele preguntarme, ¿De dónde es que las sacas?

Algo que miro, el detalle de un reflejo, la memoria puesta en alguien o en algo, la mayoría de la veces en el momento puedo especificarlo, luego en el sudor del trabajo, suelo olvidar como es que llegó y solo va quedando la parte dura, trabajar por conseguirlo y de eso se trata esta entrada.

Conseguirlo.

Pintor y mientras pintaba, también hacía de artesano, había que comer en el día y el sueño puesto en la exhibición era para varios meses en el futuro. Con los años mi oficio cambió, no por quererlo, sino que obligado y el hobby que traía pasó a convertirse en mi trabajo, construir libros en blanco para que otros plasmaran sus memorias. Aquello como todo cambió y comenzó una vez más el peregrinaje por las ideas, así han sido los últimos trece años. Entré en las escritura de la cual me enamoré y me niego a dejar de hacer, soy un eterno contador, no en vano o faltando a la realida, cuando niño me otorgaron el apodo de Tin-Tin. (Historias narradas en You-Tube y que pueden ser leídas acá mismo.)

Hoy estoy en otra de esas ideas y antes de llegar a ella compré kilos de arcilla, recuperé del cajón de los recuerdos unas herramientas de tallar hechas por mí y me puese a modelar. Me detuve frente a la necesidad de un horno para cerámica. Esto solo me hizo regresar a escuchar los engrajes del cerebro, moviendo cosas. Entre tanto practiqué el tejido a telar, volví sobre la técnica del Kintsugi y le regalé tiempo a meditar frente al Muradai, telar para Kumihimo. Se me ocurrió aplicar el Kintsugi en la reparación de antiguas plumas fuente quebradas (You-Tube videos)

La nueva idea.

Para ella he tenido que reactivar mi cuenta de Instagram y  junto a éso, abrí una cuenta en Patreon, que aún no activo a público. Sitio destinado a artistas en busca de mecenas a cambio de educación en algo artístico. (https://www.patreon.com )

He comenzado a trabajar con masa Polymer, una especia de plastilina plástica que luego necesita ser horneada a baja temperatura. La cantidad de técnicas por descubrir y aplicar, son enormes.

A ello he agregado el cordón de Kumihimo, técnica japonesa de tejido. Costura con la fabricación del bolsito Samosa e impresión con Silkscreen en tela. Aún sigo con el deseo de incorporar la técnica del Batik.

Y a todo ésto, las ideas del artista en creación.

Espero volver a llenar los ojos de quienes me siguen, junto al regalo de lo bello que entrega el arte. En este caso mi producto como artesano, que lo prefiero a ser llamado artista.

Si tienes alguna consulta, por favor, no dudes en contactarme, ya sea con tu comentario en este post, o a través de mi email daropohl@gmail.com
 

(Foto arriba. Material Polymer. Figura máscara imitando las del teatro Kabuki y representa a una Geisha, su finalidad es ser una caja Inro para ser colgada al cuello.)

 

Días malos, días buenos, no existen, solo está frente a ti un día para ser vivido, con su sol, sus nubes, la lluvia, el calor, buenos días, una sonrisa. Éso es importante, no olvides nunca sonreír, el presente te está mirando y no es bueno dejarlo ir, porque se convertirá en pasado y dejará de existir.

 

Pequeña galería

 

Izquierda, tintero, época victoriana, bronce. El contenedor para tinta ha sido reparado con la técnica de Kintsugi.

 

 

Derecha, imatación de concha con masa Polymer.



Cara interna, símbolos más usados en el Reiki.



Derecha, bolso Samosa, piramidal, hecho en tela de algodón e impreso con la técnica de silkscreen. 



Bolso Samosa que en su interior contine un juego de 16 trigramas para el oráculo del I Ching y paño donde situar las piezas.




Que tengan un hermoso día.